Melina Costa

DEPENDENCIA EMOCIONAL

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Cuando el bienestar depende de otro, normalmente de una pareja, estamos ante una dependencia emocional. Es una adicción hacia otra persona, una necesidad desmesurada del otro, que conlleva a renunciar a la libertad personal.

En su base hay una serie de necesidades emocionales insatisfechas que la persona intenta cubrir estableciendo una relación de dependencia afectiva. Como resultado, el dependiente emocional pone su relación con la otra persona por encima de todo, excluyéndose a sí mismo. Esta persona no desea que nada se interponga en su relación, de forma que va abandonando paulatinamente sus aficiones y actividades diarias para poder pasar cada vez más tiempo con el otro.

La persona que sufre una dependencia emocional busca la seguridad que le falta en el otro. Por ejemplo, en la relación con la pareja, es probable que ejerza un control excesivo y no acepte que haga nuevas amistades o realice actividades sin él/ella, porque demanda toda la atención y, en el fondo, tiene miedo de que esas actividades le aparten de su lado o necesita su presencia para sentirse bien.

* Síntomas más comunes:

Necesidad de mucha atención de la pareja para sentirse bien.

Tener miedo al rechazo de la pareja.

– Exigir constantemente muestras del cariño para asegurar que nos quieren.

– Sensación constante de estar vacío/a.

– Necesidad de saber que es la prioridad de la otra persona.

– No saber qué hacer cuando no está la pareja cerca.

– Constante ansiedad, culpa o enfado.

– Ser muy celoso/a en las relaciones de pareja.

– Tener que estar acompañado para divertirse.

– Haber descuidado aficiones y relaciones (amigos, familia).

– Su mundo gira alrededor de la pareja, que se ha convertido en el centro de pensamientos y preocupaciones.

– Problemas para dormir por las noches y sentimientos de impotencia y/o desconsuelo.

* Características de las personas dependientes:

  • Avidez afectiva: Necesidad constante de estar al lado de la persona amada; cuando no puede, recurre al móvil de manera obsesiva para mantener el contacto. Su dependencia es tan grande que llega a ser agobiante, pero no acepta de buen grado que el otro reclame su espacio, al contrario, le insta a abandonar sus actividades para que esté a su lado.
  • Comportamientos sumisos. El dependiente idealiza al otro, por lo que asume una relación de subordinación. Como tiene miedo de que la relación termine, se comporta de manera sumisa e incluso acepta ser humillado por la persona amada. El dependiente puede llegar a aguantar casi todo con tal de que la relación no se rompa, porque sin ella, perdería el sentido de la vida.
  • Baja autoestima. La persona generalmente tiene problemas de autoestima. Suele recriminarse por sus errores y se denigra constantemente, minimiza sus logros y maximiza sus fallos. Esta persona no se siente satisfecho consigo mismo y no confía en sus capacidades y criterios.
  • Necesidad de agradar. Las personas dependientes suelen buscar continuamente la validación externa, necesitan causar una buena impresión, por lo que intentan satisfacer en todo a los demás. Cuando no obtienen esa aprobación, se sienten mal y lo interpretan como un rechazo. Generalmente se trata de personas que se desviven por ayudar, aunque para hacerlo se vean obligadas a pasar por encima de sus intereses y necesidades.
  • Miedo a la soledad. Las personas que sufren una dependencia emocional no soportan la soledad, en parte porque ésta activa recuerdos dolorosos vinculados al abandono. Por eso, a menudo se ven inmersos en una serie de relaciones de pareja fallidas, que no son más que un intento desesperado de escapar de la soledad a través de la compañía.

* Causas:

Las principales causas de la dependencia emocional se gestan en la infancia. Cuando en la niñez no se aprende a ser autónomos e independientes, y/o se siguen arrastrando carencias afectivas que no fueron satisfechas en su momento.

La persona dependiente emocionalmente suele tener una historia marcada por la carencia de afecto. Durante su infancia, es probable que no haya recibido el cariño que necesitaba por parte de sus referentes. En esos años, aprendió que, para ser amado, necesitaba cumplir con las expectativas de los demás. Así, poco a poco se fue convirtiendo en un niño en búsqueda de atención, que se esforzaba por hacer las cosas bien, no sólo para que le felicitasen, sino también para obtener lo más importante: amor.

En muchos casos, las personas con una dependencia afectiva provienen de familias disfuncionales, con padres fríos y distantes emocionalmente, o han sufrido un abandono, ya sea físico o emocional. Como no se desarrolló un apego seguro durante la infancia, el niño crece experimentando sentimientos ambivalentes que después proyectará en sus relaciones adultas.

En otros casos, se trata de personas que han tenido que enfrentarse a numerosos problemas desde pequeños y tienen la idea de que no merecen ser felices. De esta forma, han desarrollado una baja autoestima y creen que necesitan ganarse el reconocimiento de los demás a toda costa. A esto se le suma que, debido a las experiencias de abandono y rechazo, han experimentado la falta de control, por lo que al crecer necesitan controlar a las personas más cercanas, para evitar que éstas le abandonen.

Como se sintieron solos y desprotegidos durante la infancia, ahora experimentan ansiedad de separación, miedo al abandono y temor a quedarse solos. En esos casos, la estrategia más común para lograr la seguridad, la protección y el cariño que necesitan, es la sumisión.

Por supuesto, más allá de las experiencias en la infancia, en la base de la dependencia emocional se encuentra una interpretación distorsionada del amor. Para estas personas el amor es sinónimo de admiración, posesión y apego obsesivo, en lugar de un intercambio recíproco de afecto en el que cada parte debe mantener su individualidad y libertad. Para las personas dependientes, amar significa entregarse al otro, hasta el punto de perder la individualidad; no comprenden que el amor maduro es aquel que enriquece a ambos y potencia lo mejor de cada cual.

* Consecuencias de la dependencia emocional:

  • Rupturas de pareja repetidas. La persona que sufre una dependencia emocional de pareja se ve envuelta en un círculo de continuas rupturas y reconciliaciones. Lo que sucede es que, en el fondo, la forma de ser de su pareja no le satisface, pero como siente una necesidad enfermiza, termina dando su brazo a torcer porque no soporta la idea de perderla.
  • Insatisfacción y frustración. En realidad, el dependiente emocional nunca encuentra tranquilidad porque incluso cuando tiene a su lado a la persona que ama, le atormenta la idea de perderla. Como resultado, mantiene una relación agobiante que termina dando lugar a desencuentros y discusiones. De esta forma, vive en un estado de insatisfacción y frustración casi permanentes.
  • Pérdida del “yo”. La persona dependiente se va aislando, reduce su actividad social para entregarse por completo a su pareja. Cuando una persona abandona sus sueños y metas, el “yo” comienza a difuminarse y llega un punto en que ya no sabe si actúa de cierta forma porque realmente le satisface o sólo porque desea agradar a la persona que tiene a su lado.
  • Celos patológicos. La persona dependiente suele entregarse por completo y a ciegas, por lo que espera lo mismo del otro; si no es así, suele experimentar celos que alcanzan un nivel patológico. A medida que la relación avanza, el dependiente emocional exigirá cada vez más tiempo y muestras de cariño, llegando a agobiar al otro, por lo que, a la larga, si no logra superar la dependencia emocional, perderá a la persona amada.
  • Trastornos psicológicos. En muchos casos, la ruptura de la relación genera un trauma difícil de superar. La persona dependiente puede reaccionar escondiéndose tras comportamientos adictivos que pueden dar pie a la bulimia, el alcoholismo o la drogadicción. También es usual que aparezcan cuadros depresivos o que se desencadenen comportamientos obsesivos, que se convierten en una vía para liberar la tensión.

* TRATAMIENTO: TERAPIA

El objetivo de la terapia siempre es ayudar a superar la dependencia emocional: que la persona aprenda a valorarse más y que su bienestar y felicidad no dependa tanto de otra persona.

Algunas terapias incluyen técnicas (hipnosis clínica, EMDR) que permiten acceder al inconsciente y descubrir experiencias infantiles que pueden ser la base de la dependencia afectiva. Además, de esta forma se puede cambiar con mayor facilidad algunas de las creencias que alimentan este problema y eliminar las emociones negativas vinculadas al mismo.

Además, se interviene si la problemática está ya instaurada en la pareja y está degenerando en una posible ruptura.

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