Melina Costa

DEPRESIÓN EXISTENCIAL

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La depresión existencial suele afectar a personas con altas capacidades. Son esos perfiles que sufren el peso de las injusticias, que no hallan un sentido a la vida y que sufren el aislamiento por ver y sentir el mundo de un modo diferente al resto.

Kazimierz Dabrowski, psiquiatra polaco de principios del siglo XX, fue uno de los referentes que más estudió los problemas a los que solían hacer frente las personas con altas capacidades. Este experto nos habló de lo que se conoce como ‘desintegración positiva’ y que explicaría en cierta forma uno de los orígenes de esta condición.

  • El problema de confrontar lo que somos con lo que nos rodea

Kazimierz Dabrowski estableció que las personas podemos pasar por 5 etapas de desarrollo personal. Ahora bien, una buena parte de la población (entre el 60 y 70 %, según el propio autor) se queda en la fase inicial; en la etapa de ¨Integración primaria¨. En esta fase las personas se limitan, poco a poco, a ajustarse al ‘molde’ de la propia sociedad. Nos disciplinamos, por así decirlo, e integramos sus fallos, adaptando a todo lo bueno y no tan bueno que nos proporciona nuestro entorno.

Ahora bien: hay personas que quedan atrapadas en el tercer nivel de la teoría de Dabrowski. Es la referente a la ¨Desintegración espontánea¨. Uno percibe grandes discrepancias entre los propios valores y lo que define a la sociedad. La mirada de la persona reflexiva o con altas capacidades siente en exceso el peso de las injusticias, de la falsedad, del materialismo…

Si esas dimensiones impactan de manera profunda en la persona, estará, por tanto, en esa cuarta fase que Dabrowski denominó ¨Desintegración multinivel¨. En ella, el ser humano no halla un significado vital. Poco a poco, se convierte en un mero observador que sólo aprecia los fallos, los sinsentidos y un vacío que, tarde o temprano, acaba asfixiándolo.

  • Las cuatro dimensiones que describen la depresión existencial

Irvin David Yalom, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Stanford y psicoterapeuta, es otro de los expertos que ha estudiado la depresión existencial. En su libro Psicoterapia existencial nos explica esos cuatro factores que suelen determinar esta realidad:

  • Perder a alguien y reflexionar sobre el sentido de la muerte. Este puede ser sin duda un desencadenante; no obstante, por sí solo no nos sirve para el diagnóstico de la depresión existencial, deben darse el resto de elementos. Sufrir una pérdida provoca, a menudo, que la persona con alta inteligencia inicie un proceso de duda y reflexión sobre el sentido de la muerte.
  • La falta de libertad. Este es otro elemento de gran trascendencia. Es común que, a menudo, este perfil se pregunte por qué el ser humano no tiene mayor poder creativo, mayor impulso de creación y realización. La propia sociedad actúa siempre como vetadora, como ente controlador que nos corta las alas.
  • La falta de sentido. Si el ser humano no halla un significado a su vida, aparece el sinsentido, la angustia y la depresión.
  • El aislamiento y la soledad. No sentirse comprendidos, percibir que uno ve el mundo de un modo muy diferente al resto suscita aislamiento y un gran vacío.

Tratamiento:

La terapia cognitivo-conductual es, sin duda, uno de los mejores enfoques para tratar la depresión existencial. No obstante, es importante no perder de vista la teoría del psiquiatra Kazimierz Dabrowski. La última etapa de su enfoque sobre el desarrollo humano es la integración positiva o secundaria.

Sería por tanto esencial que trabajásemos esa fase que sigue a la etapa de desintegración multinivel. Los aspectos que la integran son los siguientes:

  • Trabajar la autoconciencia. Clarificar nuestras metas, deseos, necesidades, valores…
  • Definir y trabajar nuestro sentido de la vida. Situar un propósito en nuestro horizonte y trabajar con él nos da impulso, nos ayuda a encontrar motivación, aliento e ilusión.

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